Compromiso

Proyecto educativo

El proyecto educativo SM es hablar más de semillas que de frutos, más de siembra que de cosecha; es trazar un rumbo y ponerse en el camino. Como educadores acogemos a un niño y lo acompañamos en toda su faceta como persona; lo conducimos y lo nutrimos. Educar supone conducir desde fuera para dejar nacer todo lo que la persona lleva dentro. Educar significa intervenir positivamente, desde la autoridad moral del maestro, para hacer crecer.

 

Detrás de la palabra educar siempre hay generosidad y entrega, por eso cuando recordamos a nuestros maestros, nuestra memoria evoca la huella que nos dejaron antes que el contenido de lo que aprendíamos.

 

En la Educación Inicial el papel del educador cobra un mayor peso, porque a esta edad los niños son más dependientes y su pauta de actuación es el ejemplo a seguir. Dado que las posibilidades madurativas, la motivación y el ritmo de aprendizaje varían en cada niño, las metas que se deben trazar para cada uno deben ser independientes.

 

En la Educación General Básica Elemental y Media el niño consolida su propia identidad, tomando conciencia de sus capacidades y de sus limitaciones. La valoración que el niño hace de sí mismo es el motor del propio comportamiento y del aprendizaje. El educador le trasmite confianza y seguridad emocional, que son la base de su autoestima. Un niño que se siente querido aprende y aprende a querer.

 

En la Educación General Básica Superior y el Bachillerato, los alumnos se encuentran en proceso de cambio hacia la madurez. Empiezan a tener ideas propias, pero necesitan el refuerzo de sus iguales, por lo que los amigos cobran especial importancia. En esta etapa los educadores deben ofrecer elementos de juicio para que los alumnos aprendan a analizar, criticar de forma constructiva y discernir, para que identifique sus preferencias y encuentre su propio camino.